La historia de Coppola está íntimamente ligada a dos referentes que han contribuido a su éxito y salud en los negocios: El primero, es el estilo de vida del puerto de Andratx y sus fieles clientes. La segunda es la tradición gastronómica de la familia Benazet y el restaurante Le Café.

La interacción armoniosa de estos dos factores, junto a los logros y experiencia recogidos, han permitido alcanzar un saludable equilibrio y propiciar un tipo de experiencia adecuada a los amantes de nuestra comida y servicios.

Esta experiencia se puede resumir con un compromiso: calidad y alto estándar en la elaboración de productos y la relación con el cliente.

Sin duda es una frase fácil de decir, aunque bastante más difícil de probar. Por esta razón y con la intención de mostrar cómo es posible cumplir con semejante promesa, he de pedirle ahora que me acompañe en este relato.

Aquellos que forman parte de la vida de Port Andratx, seguramente encontrarán muchos matices familiares y afines. Para quienes no conozcan este hermoso rincón de la isla ni sus historias, espero que la información aquí presentada pueda resultarles de interés y ayudarlos a entender la calidad de nuestra oferta.

Stephan Benazet

Puerto de Andratx

Para quienes no lo sepan, esta zona privilegiada al pie de la Tramuntana, no es un destino ordinario entre otros 50 en la isla. Durante las últimas décadas, Port Andratx ha acogido a un tipo de visitante peculiar, un extranjero que no es turista y que ha elegido invertir su dinero en un pequeño trozo de Andratx para poder sentirse en casa un par de meses al año. El conjunto de esos “visitantes locales” fue creando, con el tiempo, una dinámica y estilo de vacaciones “en casa”, desplegando su entusiasmo, espontaneidad, plenitud y lealtad; nos han compartido sus historias, hemos visto crecer sus familias y, sobre todo, los hemos visto disfrutar.

El verano aquí, al menos durante los últimos 25 años, ha sido el claro reflejo de la diversidad: protagonistas o espectadores, conservadores o excéntricos, grandes bebedores y algunos abstemios, con más o menos recursos, con todo tipo de gustos y expectativas y hablando en múltiples idiomas.  Pero, sin duda, el rasgo más característico ha sido la fidelidad: en su mayoría, el cliente del puerto, gusta de quedarse aquí; seguramente visita durante el día todo tipo de lugares, pero a la noche, siempre lo encontramos en el puerto.

En la mayoría de los centros turísticos, los trabajadores de esta actividad son “espectadores” del buen vivir y la diversión de sus clientes. En Port Andratx no ocurre eso. Es de lo más común encontrar en los pubs a todo tipo de trabajadores de restauración, bebiendo una copa junto a los clientes que sirven. Esta especial característica, produce un tipo de relación más saludable e íntima que se refleja directamente en el servicio de la gastronomía local. Al mismo tiempo, representa un mayor compromiso y un gran desafío.

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El legado Benazet

Como muchos sabrán, mi comienzo gastronómico transcurrió formando parte de un emprendimiento familiar: el restaurante Le café, con mi padre, Alain Benazet a la cabeza, y mis hermanos y yo colaborando en el día a día.

Mi padre tomó el control del restaurante al final de un período muy pintoresco en la vida del puerto: “Los restaurantes con mantelería de papel”. Era el final de un tiempo de bonanza en el que sólo importaba la calidad de la comida, o al menos, era lo más relevante. Había menos locales, bastante más dinero, así que la hora de cierre de los locales dependía de la ambición de cada restaurador.

Mi padre fue uno de los primeros en incorporar recursos nuevos para la preparación y conservación de alimentos; máquina de embolsado al vacío, limpiadora de mejillones, diseño inteligente de espacios de trabajo. Esto le permitió potenciar el valor de las tareas y mejorar su oferta en calidad y diversidad. Le Café no era un local muy grande (cabían unas 70 personas) aun así, este pequeño local llegó a servir en una sola temporada, media tonelada del “estofado Bourguignon”. Reconozco mi falta de objetividad en lo que voy a decir ahora, pero creo que mi padre fue uno de los mejores exponentes del tiempo pintoresco de los manteles y servilletas de papel.

La amistad

El tipo de relación tan especial entre clientes y el personal gastronómico en Port Andratx, además de aportar un valor muy preciado, como ya he dicho, representa también un gran desafío. Porque este tipo de cliente peculiar, con su apertura, su empatía y calidez, al cambiar la relación con las personas que lo sirven, cambió también la dinámica de este negocio.

Un buen plato de comida dejó de ser suficiente y la salud y porvenir de muchos restaurantes de la zona comenzó a definirse “en la sala”.

Algunos locales, comenzaron a mostrar cocineros que se paseaban, con impecables uniformes de Chef, saludando mesa por mesa varias veces en cada servicio; en otros, el personal se esforzaba por recordar los nombres de sus clientes y algunos detalles de sus vidas. Pero estas estrategias, aunque aportaban encanto, no interpretaban la esencia de la nueva dinámica. No sirve de mucho recordar el nombre de un cliente si luego no puedes ofrecer el vino correcto, o transmitir con emoción las bondades de un plato.

Si quien ofrece algo no conoce el placer de lo recomienda, su servicio sólo se limitará enunciar una lista de ingredientes. Esta realidad no sería un problema con un tipo de servicio tradicional, donde siempre habrá un experto –maître o cocinero- que tenga que venir especialmente a describir las ofertas. Pero cuando la comunicación se torna tan cercana, lo que realmente importa es que el personal de la sala se convierta en un referente y un experto en los gustos y preferencias de cada mesa.

Podrá sonar un tanto extremo e idealista, pero es así como ocurre en Port Andratx, al menos como ocurría hasta hace muy poco. Y una buena parte del estilo de servicio que ofrece Coppola a sus clientes se ha forjado a partir de esta realidad.

El Restaurante Le Café

La escuela de gastronomía me aportó el conjunto de conocimientos esenciales de la profesión, y cierta disciplina; pero trabajar con mi padre me permitió desarrollar una buena percepción respecto a los cambios en la relación con los clientes. 

Me considero una persona afortunada; no he tenido que pagar un céntimo para disfrutar decena de veces cada una de las ofertas de Le Café, he podido conocer y disfrutar la mayoría de las grandes ofertas gastronómicas de la isla y por sobre todas las cosas, he tenido la suerte de ser bien acogido y apreciado por mis clientes, desde mis comienzos algo caóticos y falto de experiencia hasta el día de hoy, siempre he recibido el afecto y reconocimiento de ellos.

Los clientes nunca te dicen por qué se van, sólo te dicen por qué vuelven, y cuando te aprecian de verdad, te lo cuentan con lujo de detalles. Durante años, mentalmente o en mi block de notas, fui recabando esta información que me guio en la creación de un nuevo plan de trabajo y servicio más adecuados a los clientes especiales de Port Andratx.

Ocurrió entonces que, faltando algunos años para terminar con el contrato de alquiler del edificio, mi padre decidió dejar el negocio por razones personales que no vienen al caso, pero fue la oportunidad para que mi hermano Sebastien y yo pudiéramos realizar algunos cambios en el rumbo del restaurante.

A partir de una carta reducida con las especialidades ya consagradas y otros platos apreciados por los clientes habituales del restaurante, incorporamos la tabla de especiales cada día con entrantes y principales. Además, vinos de 30 denominaciones de origen de España, y las más relevantes de Francia. Postres artesanales diferentes cada día y para la sobremesa, finos licores y destilados, destacando nuestro Armagnac de 30 años.

El objetivo era garantizar la experiencia individual. Cada miembro del personal que ofrecía algo, sabía perfectamente lo que iba a experimentar el cliente. Así desde los entrantes hasta el postre y los digestivos, cada cliente era atendido durante su cena por cinco personas diferentes. Siempre acompañado, desde la llegada hasta la despedida.

Nosotros lo llamábamos “La experiencia Le café”.

CARA

Cambio de rumbo

Faltando un año para terminar nuestro contrato de alquiler, mi hermano Sebastien me comunicó su decisión de volver a Toulouse y continuar allí su actividad en un nuevo restaurante. Yo me he criado aquí y aunque los negocios no tienen geografía, yo quería probar algo nuevo en mi zona de confort.

Era el año 2009, en el comienzo de la crisis económica. No parecía una buena idea comprometerse por 10 años con un nuevo contrato para Le café, así que viendo posibles negocios en el puerto encontré un pequeño local con mucho potencial: el antiguo Coppola.

Una pequeña cocina, una pequeña terraza. Una oferta pequeña en todos los sentidos. Y, sin embargo, era un negocio muy productivo; fácil de administrar y mantener. Aunque por su aspecto y oferta, no esperaba recibir a muchos clientes de Le Café.

Nuevo Coppola: el pequeño Le Café

Debí esperar dos años hasta poder disponer de un nuevo local y una terraza en primera línea del mar. Y cuando estuvo disponible, llegó el momento de invertir en nuevas instalaciones y personal calificado. 

Con mi padre como consultor en materia de estructuras de elaboración y equipamiento necesario, hacía falta alguien que pudiera hacerse cargo de la preparación necesaria para abastecer una demanda elevada de productos y al mismo tiempo garantizar la calidad y salud de la oferta. Esa persona es nuestro Jefe de cocina y departamento de alimentos, Gilles Barbier, cocinero de escuela y destacado pastelero.

La gente no lo sabe, pero, junto a mi hermano Sebastien, Gilles fue el responsable de la felicidad de muchos comensales en Le café. El conoce bien el proceso de preparación y supervisa cada día el cumplimiento de los estándares de todos nuestros platos y productos.

Coppola

Pizza & People

El nuevo local nos permitió desarrollar y refinar nuestro concepto comercial e identidad. Se creó un logo, se establecieron los colores institucionales y el tipo de oferta:

Coppola no hace la mejor pizza de la isla. Hace la pizza que le gusta a los clientes de Coppola.

Ofrece entrantes diversos y algunas ofertas gourmet, como los Mejillones estilo Sebastien además de algunas variedades de pan, como bruschetta y pizza de ajo .

Sirve con todo éxito el emblemático estofado Bourguignon de Alain Benazet y también su lasaña de carne o espinacas.

Distintos tipos de ensaladas y tres ofertas Premium de hamburguesas de Black Angus.

Algunas ofertas de pasta, además del exitoso pollo asado y la famosa brocheta de tres carnes con salsa Café de París.

Todo ello disfrutando del atardecer en Port Andratx a unos pocos metros del agua y con precios más que accesibles. Puede comprobarlo consultando nuestra carta.

En cuanto a la calidad del servicio, el personal de sala mantiene un cuidado trato con el cliente y siempre conoce lo que está recomendando. Las personas que han trabajado o trabajan aquí, también son clientes de Coppola. Eso les permite aconsejar con pleno conocimiento.

Es una de las ventajas de nuestra oferta: cualquiera puede permitirse comer en Coppola.

Nuevos tiempos, mismo trato.

Es una gran alegría poder decir que, junto a los nuevos clientes de Coppola sigo recibiendo a los queridos clientes de Le Café. No podría nombrarlos a todos como tampoco al personal que en distintas temporadas me ha ayudado a conservar y nutrir la calidad de nuestro servicio. Y aunque los nombres son muchos, todos tienen en común dos cosas:     

  1. El compromiso: Calidad y alto estándar en la elaboración de productos.
  2. La experiencia individual que crean para el cliente.

Como ya he dicho, me considero una persona afortunada.

Gracias por acompañarme en el relato de esta historia.

Stephan Benazet
CEO y Fundador de Coppola Pizza & People.